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Almacenista de Calzado

Almacenista de Calzado

Podemos decir que la historia de María, nuestra almacenista de calzado, es poco común a la mayoría de historias de los trabajadores de la industria del calzado. Nuestra protagonista, nació en una familia humilde y desde niña le apasionaba aprender e ir al colegio, por lo que a pesar de las dificultades económicas que había en casa, sus padres consiguieron ahorrar un poco de dinero para que María pudiera estudiar una carrera universitaria, concretamente Magisterio.

Desde pequeña estudiaba y trabajaba.

A María le apasionaba la enseñanza y a su vez era muy habilidosa con las manos. Mientras estudiaba, echaba una mano a la economía familiar realizando las tareas propias de una almacenista en una pequeña fábrica de calzado que se encontraba cerca de su casa y donde trabajaban además sus padres.

Concretamente ella se encargaba de que una vez el zapato estuviera terminado, limpiaba los restos de cola (adhesivo utilizado en la fabricación), tinte o cualquier otro elemento.

 

Foto antigua de almacenista de calzado.

 

Pronto aprendió también a etiquetar y meter en caja, tareas típicas de una almacenista de calzado que pueden aparentar algo monótonas para la mayoría de los trabajadores pero que a María le encantaban, puesto que podía ver los preciosos zapatos que se realizaban en la fábrica y que posteriormente vestirían esas señoras tan elegantes que salían en los programas de televisión.

Durante varios años compaginó como pudo sus estudios de magisterio en Alicante con horas sueltas en la fábrica de zapatos, asistiendo por la mañana a la Universidad y trabajando por las tardes en la fábrica. Nuestra protagonista recuerda muchas noches estudiando hasta las tantas de la madrugada preparando un examen para el día siguiente, porque por la tarde había estado metiendo zapatos en cajas.

Lo recuerda abrumada, pero a su vez con cierta alegría, porque finalmente María consiguió lo que se propuso que era terminar su carrera de magisterio.

 

Plantillas de zapatos en cadena de almacén

 

Tenía que trabajar en los zapatos para ayudar a su familia.

Cuando terminó la carrera universitaria, coincidió con una grave crisis económica familiar. Sus padres, cortador y aparadora de profesión, fueron despedidos de la fábrica en la que llevaban trabajando toda la vida, además de que trabajaron sin contrato la mayor parte del tiempo, no pudiendo tener derecho a cobrar paro ni ninguna otra ayuda social, situación que era común en la industria del calzado creando una gran economía sumergida y que hoy en día aún existe en menor medida.

 

Trabajadores como los padres de María han trabajado sin contrato la mayor parte de su vida profesional.

 

Fue entonces, cuando María decidió que su prioridad estaba en ayudar a su familia, lo que produjo que dejara a un lado la idea de ser profesora y enseñar a los niños de un colegio para trabajar como almacenista de calzado en cualquiera de las fábricas que se encontraban en la ciudad de Elda.

 

Reparado de zapatos

 

Pronto empezó a destacar como almacenista de calzado

Entro a trabajar como almacenista de calzado en la fábrica de su tío, una de las pocas fábricas de calzado que quedaron abiertas en el pueblo y que no se trasladaron al Polígono Industrial Campo Alto a las afueras de la ciudad en plena expansión industrial. Su gran habilidad manual y su afán perfeccionista, le llevaron muy pronto a tener un puesto fijo en la fábrica.

Los clientes eran cada vez más exigentes, y la industria del calzado necesitaba personas como María, jóvenes, con experiencia y exigentes con su trabajo. Por esta razón María nunca dejó de trabajar en el almacén de las mejores fábricas de Elda.

María siguió formándose dentro del mundo del calzado, aprendiendo nuevas tecnologías y observando día a día cada trabajo del proceso productivo de un zapato. Lo que más le maravillaba era cuando visitaban la fábrica esos altos y rubios americanos. Siempre se paraban es su puesto de trabajo a observar perplejos cómo quedaba el zapato terminado.

 

Finalmente, María no desarrolló su carrera profesional como maestra, pero sí que tuvo una vida laboral muy larga.

 

Metido en caja en almacén de zapatos

 

A las puertas de su jubilación.

Ahora a sus 63 años, está a las puertas de su jubilación, con la tranquilidad de saber que al contrario que sus padres y que muchos otros trabajadores del calzado ella sí que tuvo la suerte de estar dada de alta en la seguridad social todos estos años y que tiene los suficientes años cotizados para poder jubilarse con una pensión digna.

Nuestra amiga María mira hacia atrás y sigue viendo a esa joven luchadora que una vez decidió cambiar su destino por ayudar a los suyos. Una familia eldense que todavía hoy siguen muy unidos y prácticamente todos han apostado por trabajar en la industria del calzado, algunos como cortadores, otros realizando trabajos en la cadena de fabricación, incluso uno de ellos es uno de los diseñadores de una prestigiosa marca de calzado de Elda.

 

Un consejo para los más jóvenes de la industria

El consejo que María siempre da a los miembros más jóvenes de su familia es que el calzado también requiere de formación y especialización, por lo que realizar cursos de formación continua les permitirá tener una mayor capacidad para desarrollar cualquier puesto de trabajo dentro del mundo del calzado.

Tú también puedes seguir el consejo de nuestra protagonista de hoy para formarte con nuestros cursos online de diseño de calzado, con los que siempre tendrás la ayuda de nuestros tutores para resolver tus dudas.

Con la historia de María, contándonos sus inicios como almacenista de calzado, cerramos esta serie de cuatro relatos en la que empezamos a principio de mes hablando de Paco el cortador, Aurelia la aparadora y Juan el montador de zapatos. Pero si conoces la historia de algún familiar o incluso tu historia personal, estaremos encantados de conocerte y compartirla con todos nuestros seguidores.

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